lunes, 20 de octubre de 2014

Vino, un alimento saludable

La Rioja, Rivera del Duero, Toro, Rueda, Riveiro, La Mancha, vino de Madrid,... y siempre con denominación de origen, ¿sabías que el vino ha pasado a considerarse alimento? y no solo eso, sino que además los deportistas lo incluyen en sus dietas, eso sí, siempre con moderación.

Y es que ya Pasteur decía del vino que era la más sana y la más higiénica de las bebidas.

Pero ¿sabías que el vino reúne una serie de beneficios para la salud de los que es difícil prescindir? a todos los niveles, no solo en el plano deportivo:

Protege contra las enfermedades coronarias y contra accidentes cerebrovasculares isquémicos y de la aterosclerosis siendo un aliado del corazón: 1 copa al día en el caso de las mujeres o 2 en el de los hombres, no más.

Aumenta el nivel de lipoproteínas de alta densidad HDL (llamada colesterol bueno) en la sangre, gracias a sus polifenoles y flavonoides tiene un poder antioxidante, es decir, hace inofensivo el colesterol LDL (colesterol malo) al impedir su oxidación. Y además es un gran  aliado en la lucha contra la grasa, ya que el consumo de vino activa la función de un gen que impide la formación de nuevas células de grasa y ayuda a movilizar las existentes, según un estudio realizado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Aunque contiene siete calorías por gramo, en dosis moderadas, contribuye a reducir la obesidad y el sobrepeso.

Tiene una acción antibacteriana y antihistamínica, es decir, que entre otras cosas reduce las alergias, además de combatir las bacteria bucales, según investigadores italianos que han confirmado que la costumbre de tratar las infecciones de las encías con vino tiene un fundamento científico. Al parecer, algunos compuestos presentes en esta bebida frenan el crecimiento bucal de los estreptococos y bacterias vinculadas a las caries, además del de otros asociados a la gingivitis y dolores de garganta.

Contiene vitaminas que combaten el envejecimiento y ayudan a tener una piel más sana y bonita.

Mejora la circulación sanguínea, evitando la formación de coágulos al producir una acción anticoagulante.

Aporta algunos minerales y oligoelementos a nuestro cuerpo, como: magnesio, zinc, litio, calcio, hierro y potasio.

Ayuda a la digestión de proteínas, por lo que se recomienda acompañarlo con carnes y quesos.

Reduce la tensión arterial y el nivel de insulina en la sangre.

Mejora de la función cognitiva: al menos 70 estudios demuestran que el consumo moderado de vino mejora el funcionamiento del cerebro y, en pequeñas cantidades, previene la demencia. Los científicos creen que se debe a que la elevada presencia de antioxidantes en su composición reduce la inflamación, impiden que las arterias se endurezcan e inhiben la coagulación, lo que mejoraría el riego sanguíneo.

Complemento placentero: algo así como el chocolate. al degustarlo con moderación se liberan endorfinas en dos áreas del cerebro, aumentando la sensación de placer, de acuerdo con un estudio realizado en la Universidad de California. 

Ejercicio embotellado: Una investigación publicada en The FASEB Journal, sugiere que el resveratrol de la uva disminuye las consecuencias negativas de la vida sedentaria, aunque no por eso es aconsejable dejar de ir al gimnasio. 

Hábitos saludables: Un estudio publicado en el British Medical Journal revela que los enófilos consumen más aceitunas, frutas, verduras, quesos bajos en grasa, leche y carnes saludables que los consumidores habituales de cerveza.

Como ves, a todos los niveles el vino es una bebida del todo saludable, a nivel cardiovascular por sus flavonoides, a nivel neurológico por sus polifenoles, a nivel cerebral, cutáneo,... eso sí, recalcando que estos efectos descritos se han visto con vino tinto y con su consumo moderado (uno o dos vasos al día).




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